Todo comienza con un correo aparentemente normal.
“Su contraseña de Microsoft 365 caduca hoy. Inicie sesión para mantener activa su cuenta.”
El trabajador pulsa el enlace. Aparece una página prácticamente idéntica a la habitual. Introduce su usuario y contraseña.
La página da un error.
Cierra la pestaña y continúa trabajando.
Parece que no ha ocurrido nada.
Pero sus credenciales podrían estar ya en manos de un ciberdelincuente.
El phishing ya no siempre parece phishing
Durante años hemos asociado el phishing con correos llenos de faltas de ortografía y remitentes sospechosos.
Siguen existiendo, pero los ataques han evolucionado.
Un correo fraudulento puede imitar comunicaciones de proveedores, bancos, plataformas conocidas o servicios empresariales.
Y los atacantes juegan especialmente con dos factores: confianza y urgencia.
“Hay una factura pendiente.”
“Tu cuenta será suspendida.”
“Necesito esta transferencia antes de las 14:00.”
“Consulta el documento compartido.”
Cuanto menos tiempo tenga la víctima para pensar, más posibilidades existen de que actúe.
El objetivo puede ser tu Microsoft 365
Las cuentas corporativas son especialmente interesantes porque pueden proporcionar acceso a información empresarial y comunicaciones reales.
Una página falsa puede imitar una pantalla de inicio de sesión para intentar capturar las credenciales del usuario.
Una vez dentro de una cuenta comprometida, el problema puede ir mucho más allá de leer algunos correos.
El atacante puede estudiar cómo trabaja tu empresa
Este punto es especialmente peligroso.
Un atacante con acceso a una cuenta de correo puede intentar comprender:
- Quién autoriza los pagos.
- Qué proveedores utiliza la empresa.
- Cómo se comunican los empleados.
- Cuándo se reciben determinadas facturas.
- Quiénes ocupan puestos de responsabilidad.
- Qué clientes mantienen contacto habitual.
Con esa información, el siguiente intento de fraude puede resultar mucho más convincente.
“Hemos cambiado de banco. Paga esta factura en la nueva cuenta”
Imagina que un proveedor real te envía facturas todos los meses.
Un día recibes un correo dentro de una conversación aparentemente habitual indicando que han cambiado su cuenta bancaria.
La factura es correcta. El importe también. Incluso el tono del mensaje resulta familiar.
Solamente ha cambiado una cosa:
el número de cuenta.
Este tipo de fraude demuestra por qué el phishing empresarial no debe analizarse únicamente como el problema de “un correo falso”.
Una cuenta comprometida puede utilizarse para intentar engañar posteriormente a otras personas.
Y el correo puede llegar desde alguien conocido
Otro escenario especialmente complejo aparece cuando el atacante utiliza una cuenta comprometida para dirigirse a compañeros, clientes o proveedores.
La víctima ya no recibe un mensaje de un desconocido.
Recibe un correo desde una cuenta en la que confía.
Por eso comprobar únicamente el nombre del remitente no siempre es suficiente.
¿Cómo detectar señales de alarma?
No existe una única señal infalible, pero determinadas situaciones merecen especial atención:
- Peticiones inesperadas de credenciales.
- Cambios repentinos en datos bancarios.
- Solicitudes urgentes de transferencias.
- Archivos adjuntos que no esperábamos.
- Enlaces cuyo dominio no coincide con el servicio real.
- Mensajes que intentan generar miedo o urgencia.
- Solicitudes inusuales de información confidencial.
Ante una operación económica sensible, una llamada de comprobación puede evitar un problema importante.
La autenticación multifactor añade una barrera adicional
Una contraseña por sí sola puede resultar insuficiente si termina comprometida.
La autenticación multifactor añade una comprobación adicional al proceso de acceso.
No elimina por sí misma todos los riesgos, pero forma parte de una estrategia de protección mucho más sólida.
El empleado no debería ser la única barrera
Formar a los usuarios es fundamental, pero sería un error responsabilizar toda la seguridad en su capacidad para detectar ataques.
Una estrategia empresarial debe combinar personas, procedimientos y tecnología.
Protección del correo, autenticación, gestión de accesos, actualizaciones, seguridad de los dispositivos y concienciación deben funcionar conjuntamente.
¿Qué hacer si alguien ya ha hecho clic?
Aquí la velocidad importa.
Si un usuario sospecha que ha introducido sus credenciales en una página fraudulenta, ocultarlo por miedo a haber cometido un error solamente empeora la situación.
Debe existir un procedimiento claro para comunicar rápidamente el incidente y permitir que el equipo responsable pueda actuar.
Una detección temprana puede reducir considerablemente el impacto.
Ibis Computer: la ciberseguridad también empieza en la bandeja de entrada
En Ibis Computer ayudamos a las organizaciones a reforzar la protección de usuarios, dispositivos, correo e información empresarial.
La tecnología es fundamental, pero también lo es preparar a las personas para reconocer situaciones sospechosas.
Porque muchas veces un ciberdelincuente no necesita romper las defensas de una empresa.
Solo necesita conseguir que alguien le abra la puerta.